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La historia del primer cajero automático

Money from cash machine

En el segmento de la venta de cajeros automáticos somos una empresa con años de experiencia, que podemos ofrecer a los clientes tanto productos estándar como soluciones personalizadas en el terreno del conteo de billetes y monedas o la disponibilidad automatizada de crédito. Y es que trabajamos apoyados, como suele decirse “apoyados sobre los hombros de gigantes”. Hasta encontrarnos donde estamos, han sido muchos los adelantos que se han producido en el segmento de los cajeros automáticos. Y es que estamos ante unas soluciones que nos acompañan desde hace mucho más tiempo del que pensamos.

Los primeros intentos

El cajero automático como tal surgió a finales de los años de los 60, pero casi tres décadas antes se pusieron los primeros granitos de arena para que este adelanto se popularizara. A finales de los años 30, Luther George Simjan vendió su idea a Citicorp (Germen de Citigroup) para que probara su invento, un rudimentario pero efectivo dispensador de billetes. Sin embargo, la idea no cuajó y hubo que esperar varios años más para que los primeros modelos se estandarizaran.

Las primeras máquinas

En los últimos años de los sesenta, el escocés John Sheperd-Barron desarrolló la que, ya por méritos propios, puede considerarse el primer cajero automático de la historia. Este inventor desarrolló su inventiva en múltiples desarrollos en su vivero de salmones del norte de Escocia, como una curiosa herramienta para ahuyentar las focas de sus instalaciones mediante la reproducción de sonidos de ballenas asesinas “lo cual sólo parecía atraerlas más”, reconoce.

Pero relativos fracasos como este no le frenaron a la hora de vender su cajero automático a una filial de Barclays en el año 1967. Sheperd-Barron sólo podia acudir a su entidad financiera los fines de semana para sacar dinero, al vivir en una zona relativamente apartada. Un día, habiendo tardado algo más de la cuenta, se encontró con la oficina cerrada, tras lo cual se puso a pensar en si existiría una manera de poder obtener su dinero sin la necesidad de la intermediación de un trabajador de la oficina. Tras obtener su inspiración de una máquina dispensadora de chocolatinas, su proyecto para el primer cajero ATM de la historia fue vendido a una oficina de Enfield, al norte de Londres. Obviamente, aún no existían tarjetas de crédito y a la hora de sacar dinero (un máximo de 10 libras por operación) se empleaban cheques bancarios con una impregnación de carbono 14.

En España el segmento de la venta de cajeros automáticos y operatividad en red surgió en el año 1974, cuando el primer cajero ATM se instaló en una entidad del Banco Popular de Toledo.